jueves, 16 de enero de 2014

TRENQUE APOCALIPTICO: CAPITULO I, Como empezo todo / y ahora el ahora.


Capitulo 1: Cómo empezó todo.

COMO EN CUALQUIER PELICULA TIPICA Y TOPICA DE CATASTROFES Y DESTROZOS UNIVERSALES, OCURRIO, O MAS BIEN EMPEZO EL PRINCIPIO DEL FIN EN UN TRANQUILO INSTANTE DE FINALES DEL AÑO 2014, atrás había quedado el desastroso y supersticioso 2013 y estaban a punto de cumplirse dos años de esa señalada fecha a finales de 2012 en la que alineaciones planetarias catastróficas, movimientos telúricos, drásticos cambios climáticos, y hasta una colisión sideral destrozaría la tierra y daría origen al mencionado APOCALIPSIS. Y como todos comprobaron nada sucedió; los planetas siguieron en su lugar, las masas continentales siguieron desplazándose lentamente empujando el saturado mar y ocasionando algún normal sismo en el proceso y el clima siguió su lenta ruta de cambio natural acelerado por el efecto invernadero que muchos continuaban  negando; en definitiva todo seguía mas o menos como debería, hacia frio en el hemisferio norte y calor en el sur y en ambos encaminándose hacia la Navidad.

Definitivamente en el 2012 no pasó nada de eso, para regocijo de muchos y decepción de unos cuantos Milenaristas que tendrían que esperar a la próxima fecha mística señalada en algún polvoriento legajo de tal o cual visionario santo o mártir, aunque en el proceso de esa búsqueda no les dio tiempo para mucho mas. Lo que sucedió fue mucho peor, en cuanto se bajo la guardia y la falta de fe en las antiguas creencias fue patente, el INFIERNO con mayúsculas, por llamar de una manera conocida a esa grieta espacio-temporal, nos dio el golpe de mano definitivo y el planeta se convulsiono arrasando en su espasmo la mayor parte de la población mundial.

En los buenos y viejos tiempos, una leyenda urbana e incluso un tenebroso y desenfocado video pues siempre estaban desenfocados, contaba que unos científicos habían captado a través de un insondable pozo por Siberia que decían se internaba en la corteza de la tierra largamente y llegaba hasta el centro del planeta, el griterío desquiciante de los millones de almas torturadas en el Infierno. Es evidente que con el descalabro del Apocalipsis fallido 2012 nadie creyó en eso o le presto demasiada atención a ese nuevo vídeo viral que circulaba por la red; viendo lo visto y acontecido poco tiempo después me pregunto si no fuimos ciegos a esta especie de aviso de lo que descansaba en las tripas de la de la Pacha mama, la Madre Tierra.

Mas bien en esos días del 2014, lo que estaba en boca de todos era el faraónico proyecto de ciudad subterránea que serviría como prototipo para subsanar los graves problemas de espacio que ya tenían un gran numero de urbes humanas, en el se escavaría un enorme abismo artificial para albergar la susodicha gigantesca metrópolis subterránea autosuficiente, estructurada, limpia. El nombre del infausto sitio se ha desvanecido en mi memoria aunque tengo claro que se situaba en este continente mismo, no se porque aunque  deduzco paso cuando excavaron demasiado hondo en el peor de los lugares hasta topar con los kilométricos portones que descansaban hirviendo desde tantos milenios atrás, y que, aparentemente como ocurre con la naturaleza humana, la curiosidad de los jefes, ingenieros y trabajadores pudo más que la prudencia. O tal vez todo fue un producto de un accidente y que los pobres desgraciados que abrieron literalmente el Infierno y rompieron las grandes murallas, fueron literalmente desintegrados sin tener conocimiento de lo que habían hecho, el grito de dolor y desesperación cruzo el planeta de punta a punta y todos los bebes recién nacidos y los que aun maduraban en los vientres de sus madres cayeron muertos en el instante que les alcanzo.

¿Y que hicieron las fuentes gubernamentales de las naciones cuando esto ocurrió?, pues lo de siempre que aparece en la primera pagina del manual del conspirador paranoico: taparlo y achacarlo todo a un terrible movimiento tectónico cuyas replicas estaban haciendo desastres amen de una reacción psicótica de miedo generalizado que provoco las muertes de los recién nacido. Acto seguido y por primera vez en la historia, todos y quiero decir todos los medios de noticias fueron intervenidos en aras de una CONTENCION DEL PANICO GENERALIZADO.

Hasta intentaron cerrar el acceso a Internet y sus aledaños pero la verdad o algo de ella fue esparciéndose rápidamente junto con la verdadera naturaleza del asunto por la red de redes. Los primeros rumores fueron divulgados por paginas apocalípticas totalmente desacreditadas por lo que no se les prestó la más mínima atención, no fue hasta que pocas horas después sus responsables eran detenidos y ejecutados sumariamente que el mundo poso sus ojos en ellas, tarde pero no para ver como todo estaba ardiendo, se retorcía y mutaba al infierno en al tierra que es ahora. Y si el mundo encogía y distendía como presa de un ataque epiléptico titánico se tratase, el humano alzo su mano contra el humano y la locura, literalmente hablando la sociedad desapareció aun mas rápido que si los terremotos y tsunamis la hubieran cubierto de lodo y enviado al fondo del mar. 

Y las criaturas del inframundo caminaban sobre la tierra de nuevo cortando y trenzando  la fibra de la realidad hasta el hueso.

Y mientras Centroamérica reventaba por el poder desatado de las fuerzas demoníacas y telúricas por largo retenidas, en la otra punta del mundo, alla donde la India colisiono hace varias edades y formo la magnifica cordillera del Himalaya, allí se abrió el suelo y se trago de un golpe el Everest en una sima que aullaba como un dios en plena agonía, al menos una norma física parecía seguir funcionando POR CADA ACCION SE DEBE UNA REACCION IGUAL Y DE SENTIDO CONTRARIO... escribió un celebre físico justo antes de meterse una bala en el cráneo en la soledad de su laboratorio


-Y AHORA, EL AHORA:

Me resultaba trabajosamente difícil recordar quién era, y no lo logré hasta mas bien hace poco. Estaba literalmente tirado en una camilla rudimentaria y gastada, desnudo como un bebe o mas bien un maniquí que era la sensación que me tocaba el cielo de la boca con un regusto metálico. Una multitud de coloridos cables y tubos metiéndose en mi cuerpo y supongo, saliendo también fue la siguiente impresión que me golpeo. Notaba que me inyectaban líquidos fríos y espesos, y otros calientes y vaporosos a los que acompañaban por unas descargas eléctricas a través de unas largas agujas dolorosamente injertadas en mi piel y que parecían agitarlos y difundirlos a presión por mi interior como si pudiera visualizar sus avances y efectos en el ojo de mi mente. Intentaba protestar pero no podía articular palabra, sin duda por el grueso tubo plástico que tenia en ella, mi única opción era parpadear y mover los ojos desesperadamente, y, con mucho dolor y esfuerzo, levantar levemente la cabeza para poder ver por encima del pecho, para mi flaco consuelo, al menos el cuello aparentemente seguiría siendo dominio mío por un rato mas.

Las personas que estaban a mi alrededor vestían pesados uniformes grises, poco adecuados para el calor reinante, ¿o era yo el único que sentía calor como me confirmo el vaho que escapaba de sus mascarillas al respirar?. Recuerdo haber pensado que se veían tan incómodos cubiertos con esas pesadas capas de tejido como yo desnudo y expuesto a sus miradas. No tengo noción del tiempo que me tuvieron en semejante estado, pues mi consciencia iba y venia como si me desconectasen el cerebro con un caprichoso interruptor una y otra y otra vez.

Y de repente, horas o días después, en una de esas ocasiones que abrí los ojos me sacaron todo lo que tenia conectado e inserto con la misma delicadeza con la que un toro embiste a un torero “¿que diablos es un torero?” pensé aturdido para verme interrumpido por un nuevo y desgarrador dolor; un largo tirón y la traba bucal que me impedía hablar salió largamente de mi garganta larga como una manguera de jardín, el ramalazo de dolor y la dislocación fueron tan grandes que no atiné a quejarme solo a encogerme en la medida de lo posible y a temblar ¿ahora tenia frio o era calor aun mas intenso?, ¿Qué diablos estaba haciendo ahí? ¿Qué me sucedía? Mil preguntas me taladraban el cerebro cuando me hicieron sentar cual pelele sangrante en la camilla, creo que si alguien me hubiese descrito seria como el recién nacido mas horrendo y sangrante del mundo..

La soledad y la paz me invadieron por un instante llevándome a otro lugar lejano, ingrávido y caliente, nada me dolía, nada me pesaba, nada me importaba y mas aun... nada sabia; la felicidad plena o el concepto de “cielo” de un solitario ¿eso era yo? Un ser solitario. Flotaba o me desplazaba ligero por esta claridad sin forma hasta que algo me saco de mi sopor: uno de ellos, tan anónimo y gris como el resto me dio un fuerte cachete en la cara que me ardió y me pregunto: “¿Está bien, soldado?”, o alguna forma protocolaria similar ; no lo pensé,  mis manos rápidas como rayos y dotadas de voluntad propia ciñeron su garganta estrangulándolo casi antes casi de que terminara de formularla. Un fuerte golpe en la cabeza, extrañado creí oír un ruido metálico cuando tope con el suelo justo antes de desmayarme.

Nuevamente despertar nuevamente para comprobar que me habían amarrado como mejor les había parecido, anárquicamente pero con firmeza, y que un comité de bienvenida, me estaban esperando de vuelta a la realidad, no sabia si alguno de aquellos grises era el mismo al que había aplastado el cuello, envarados y militares me contemplaban sin movimiento, salvo uno que amenazador me volvió a solar dando un paso atrás, sin mas que hacer me incorpore y senté en la camilla intentando tapar mis vergüenzas como fuera.

Los siete sabios, así los llame en broma, me dieron una breve reseña de lo acontecido, con una hosca familiaridad que chocaba de frente con mi completo desconocimiento de sus identidades, o de todo lo demás. Según sus cálculos, estábamos en el año 2041 (¿eso era cierto?, ¿no 2014?), el mundo que conocía (¿conocía?) estaba destruido, y sin duda jamás volvería a ser lo de antes. Confusión y angustia en mi pecho, me contestaban las preguntas a las apuradas, y sin mayores explicaciones o detalles que meter en el relato, como si ya estuvieran cansados de repetirlas, o mas bien repetírmelas a mi. A grandes rasgos y en parte a la dislocación, en parte aparentemente al tratamiento recibido, pude entender que había habido una guerra nuclear por motivos equivocados, las naciones se destrozaron con fuego radiactivo y otras peligrosas armas nunca vistas o probadas para descubrir que el verdadero motivo del caos y de la gran desolación ahora reinaba en el mundo y deberían haberlo reconocido a simple vista pues todas y cada una de las culturas ha tenido al menos un concepto de dicho gigantesco mal.

Como he dicho la charla fue breve y sin gran matiz, con un ademan se retiraron al unísono como si de una sola mente en varios cuerpos se tratase dejando a uno de ellos atrás para servirme de guía, con una sonrisa comprobé que en un momento dado se froto el cuello con la mano hasta que al notar que lo estaba observando dejo de hacerlo tan marcial como lo había conocido. El sabio ordenanza, algún nombre debía ponerle,  me arrastro a zancadas por una desordenada galería no muy diferente a la que había despertado por primera vez, aquí y allá se veían camillas y otras grandes superficies llenas de tubos y líquidos , y un nombre, el de FRANKENSTEIN, aun sin saber quien o que era eso. Me intrigo aun mas mientras iba de un ponto de luz a otro los grandes recipientes que podía ver en el suelo, unos abiertos, otros cerrados cual enormes ataúdes de acero de los que escapaba un leve zumbido que me resulto tan familiar como la voz de mi madre, cuya cara o nombre no estaba en ningún rincón de mi memoria.

No hubo mas palabras hasta llegar a la estancia al final del túnel, era grande y abovedada como si de una oquedad excavada en roca viva se tratase mas que de un edificio hecho pro la mano del hombre, una serie de enormes taquillas metálicas agrupadas contra la pared y algún diagrama en grueso papel marrón eran la escueta decoración del lugar, allí en medio, potentemente iluminado, un enérgico anciano de ralo cabello y enormes y colgaderas orejas se afanaba sobre una enorme bancada de madera que considere debía pesar un buen puñado de kilos y era maciza y estaba labrada de intrincados dibujos que no me trasmitieron mas que desazón. Sobre un enorme tejido pude ver como dibujaba aquí y allá líneas de colores que luego eran cortadas con unas enormes tijeras plateadas desproporcionadas aun en las grandes y trabajadas manos del individuo, las manos de un agricultor mas que las de un sastre, eran movidas con una destreza y velocidad que cualquiera calificaría de sobrenatural mas que fruto de una larga experiencia. El viejo ejecutaba sus afilados malabares murmurando suavemente una letanía cuyo idioma no acababa de identificar; de la tijera saltaban chispas azuladas cuando cambiaba de dirección sobre el grueso textil lo que me hizo plantear sobre la naturaleza del tejido que procesaba o la de las tijeras y su portador. No tardo mucho en llegar al final de ultimo corte que había marcado con aquella especie de tiza brillante y, alzando la cara, nos miro alternativamente a ambos; el anciano sastre tenia la cara morena, despejada de arrugas y sonreía desdentado dando muestras de su avanzada edad, el poco pelo que tenia le crecía cerca de la nuca y le llegaba en largos mechones grises y negros hasta los hombros, sus ojos eran suaves, de un verde oscuro enturbiado por las cataratas que de cuando en cuando parecía iluminarse con una chispa de inteligencia fuera de lo habitual

-¡BUENAS TARDES Y BUENAS FIESTAS, LAS ALPARGATAS DE MI PADRE TRAIGO PUESTAS!- con una leve inclinación se dirigió primero a mi acompañante para luego girarse hacia mi y seguir con su cántico salutatorio mientras me tendía la mano

-¿ES USTED LA MUERTA O SU HERMANA?- no sabia que decirle pero no fue necesario pues prosiguió musicalmente – ¡PORQUE SI ASI FUERA TANTO MAS ME DIERA!-  dicho esto me agarro la mano entre las suyas y la sacudió enérgicamente mientras una risa cascada surgía de la garganta, la enorme tijera plateada ahora descansaba metida en la cinta que le ceñía el delantal a todas luces parte fundamental de la indumentaria del curioso anciano.

- R-4 TALLA15, ¿cierto?- mire desconcertado sin saber de que diablos hablaba

- cierto maestro, y con ajustes para la pierna derecha - contesto monocorde el sabio ordenanza en contraposición a la agradable y musical voz del abuelo

-Toma asiento muchacho mientras trabajo – señalo a una silla que no recordaba haber visto al entrar, -tu cuidador nos puede dejar por ahora, estas en las manos de este cascarrabias por un rato y nada te ha de pasar mientras estés aquí, salvo que vengas a robarme- agito las tijeras delante de mi cara con una sonrisa picara- porque aquí lo único que hay que llevarse es un tijeretazo en salva sea la parte- y me señalo la entrepierna con las tijeras- aunque no se si esto te dará mucho miedo- guiño un ojo divertido

El resto de la tarde, pues era por la tarde según me contó el viejo lo poco que hablo mientras trabajaba, lo pase sentado en una silla en la bóveda del Maestro Curucú, como se hacia llamar el sastre y que no comprendía como estaba tan moreno y lozano si pasaba tantas horas como debía pasar abajo iluminado tan solo por la luz que salía  de la potente lámpara escapada de un quirófano. Lo vi cortar y coser como hipnotizado, sin poder apartar los ojos de su frenética actividad, presa de un curioso hechizo que acaparaba toda mi  atención en su labor. Mientras iba confeccionando cantaba y farfullaba algo que me sonó antiguo y picaresco, sonreía para si al llegar a ciertas partes que me sonaban repetidas. No se cuanto rato después se paro, corto un hilo de la chirriante maquina de coser en la que se afanaba dándome la espalda y se incorporo con un chasquido de la espalda. Parecía ir a caerse y de primeras se movió renqueante y despacio como el anciano que debía ser mientras se giraba, me tendió un uniforme que parecía grueso, pesado e incomodo y que confecciono desde cero para mi, para hacerlo se apoyo en un bastón que había sacado de cualquiera sabe donde; estaba agotado y era evidente.

-Recién salido del salón francés para caballeros elegantes “la fragua de Hefestos”- carraspeo con una forzada sonrisa -Vístete y márchate muchacho, he de descansar y he dejado mucho en este nuevo modelo para t i- me pudo la mano que tenia libre fría y mas huesuda que antes en el antebrazo para levantarla con un respingo de inmediato.

Baje la vista hacia el uniforme de tonos azul oscuro y negros y al levantarla comprobé que el anciano había desaparecido sin un solo sonido, solo las enormes tijeras descansaban sobre la bancada de madera maciza apuntando hacia mi con la punta y soltando chispazos bajo la luz que parecía hacerse poco a poco menos intensa; no era ya mis sitio y que no debía tocarlas o mi final seria doloroso; me dirigí a la puerta sin mirar atrás con la ropa en los brazos y aun desnudo y salí de la ahora silenciosa y oscura estancia.

La parte superior del uniforme me resulto ligera y cómoda para mi sorpresa, a pesar de su tacto grueso y rasposo se adapto a mi torso y brazos como una segunda piel, casi estaba sonriendo ante la sorpresa ala vez que un raro recuerdo de haber sido niño y haber estrenado un traje cualquiera sabe en que situación, cuando baje la vista para ponerme la parte inferior del uniforme y me quede mirándome el pie derecho, luego mi vista se arrastro hechizada por la espinilla hasta allí donde debía estar la carnosa rodilla, y mas y mas arriba por el muslo y hacia la cadera y el bajo vientre, ¡allí donde debía estar toda mi extremidad inferior derecha había una cruel replica metálica que se hundía y unía a mi vientre y costado! ¡quería gritar, quería llorar! ¡Pensé en arrancarme los ojos, me vi destrozando aquel engendro mecánico que exudaba vapor y mordía mi tierna carne contra la pared con una patada tras otra, el remolino de histeria y frustración crecía y crecía en el interior hasta que, sin previo aviso, un clic metálico en mi cabeza se activo y todo volvió a la calma, lo ultimo que considere sobre el asunto al cerrar la cremallera del cómodo y ligero pantalón del Maestro Sastre Cucurú fue sobre si habrían enterrado o habrían incinerado mi pene y mis pelotas, el asunto no me preocupo mas y desapareció por largo de cerebro. No tardaron mucho en recogerme, terminar de equiparme y ponerme a la labor para la que me habían despertado.
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Lo del tema del Inframundo tardé bastante en asimilarlo, a pesar de que desde el primer día me daban medicamentos contra la sorpresa y cualquier otra emoción la dislocación de mi pensamiento racional era evidente. Había abominaciones causadas por la radiación, poblaciones enteras desaparecidas, un clima extremo, y, en contraposición de los pocos recuerdos que guardaba del 2014 (¿o era 2041? poco parecía importar) brujas, vampiros, momias, duendes, esqueletos andantes, licántropos... en fin, todo lo que el imaginario popular había creado… o lo que los hombres habían registrado como mito e incluso algunos seres mas que no habían sido registrados ni en el tristemente celebre NECRONOMICON. En el primer momento ni lo acepté ni lo creí, no importaba demasiado tampoco pues esos seres si que creían existir y era todo lo que importaba. Parte de mi llego a pensar que todo era una descomunal broma que había llegado demasiado lejos, sobre todo cuando me llevaron por primera vez a las plantas superior y lo que me encontré encima de una larga mesa entre otras cosas fueron ramas de muérdago, frascos de agua señalizados con una cruz, granadas, pétalos de rosa, rifles con mira láser, frascos de sal, guadañas, estacas, arcos, ballestas, defensas eléctricas y cien mil artefactos mas; lo antiguo y lo moderno, lo supersticioso y lo cierto, todo junto y mezclado. Lo más extraño es que aparentemente yo sabía usar todo y en que modo, por lo cual, mucho de broma no podía haber, esa otra parte de mi era rígida y programada y jamás dudaba, con o sin medicación. No pude conciliarías hasta que tuve que salir a patrullar.

 

Conocía el protocolo aun sin haberlo llevado a cabo nunca, me pusieron en una cámara de aislamiento blindada iluminada por luces ultravioleta, cerraron su puerta y abrieron la opuesta que daba a la salida y  que daba a una oxidada y quejumbrosa rampa de bajada. Yo salí sin dudarlo, al fin y al cabo el miedo esta mas allá de la barrera de los psicomedicamentos y la puerta se cerró con un leve sonido neumático tras de mi. El cuartel  al que pertenecía ahora y de donde había salido estaba a mitad de un cementerio , ¿Dónde si no?, con todas y cada una de sus tumbas profanadas y vacías. El manual de ejecución marcaba que la lograr un terreno libre de vampiros, nectarios, otras alimañas críptidas y del mal en general. En el ambiente una bruma pesada y desgarrada se intentaba asir desesperada a la tierra y ramas para no terminar de ser arrastrada por un airecillo frio que podía cortar y descarnar la suave piel humana con la eficacia de una piraña. Los muros, por otro lado, aunque eran altos y estaban coronados por gruesas o oxidadas picas de hierro pocos aparecían enteros. Unas enredaderas de grandes campanillas violetas intentaban cubrirlos pero eran demasiado débiles para extenderse más de un metro o mas, además estaban en su mayor parte enfermas de una plaga de piojos que cuando toqué, dejaron un rastro sanguinolento en mis dedos enguantados. Caminé hacia la salida con determinación aunque sin demasiada prisa y di el primer vistazo de lo que me esperaba al otro lado de las puertas desvencijadas del camposanto.

El panorama era desolador. Ya me habían explicado (a las apuradas y sin mayores detalles como de costumbre) que por lo que se sabia, todo el mundo estaba así, pero no me esperaba que fuera para tanto el destrozo, con sinceridad y sin que parezca una burla. Recuerdo los remolinos rojos y los vendavales magnéticos que arrastraban todo con infinita lentitud. El cielo tenía nubes verdes y rojas, y enjambres de sombras de distintos tamaños que se perseguían entre sí. Muchos troncos de árboles estaban torcidos o dotados de afiladas ramas a modo de gigantescas estacas… pero no me detuve a admirar el paisaje, algo me impelía a seguir y cumplir la misión que tenia (¿programada?) asignada por mis superiores. Tenía cosas que hacer y debía hacerlas sin mas que plantear. Bueno lo de la guerra nuclear o lo que fuera era evidente y pero aun seguía con el tema de que por el mundo rondase lo sobrenatural, hasta que vi a una sucia anciana con una túnica negra que corría hacia mí haciendo gestos con una mano mientras sostenía un libro con la otra y una cara que era todo menos una cara humana. Mi brazo reaccionó instintivamente como ya había ocurrido el día de mi despertar como dotado de inteligencia propia y disparó al libraco descuadernado, que explotó antinaturalmente en las manos de la mujer. Esta detuvo su carrera en seco con un horroroso grito mas parecido a un graznido o un rugido que a un sonido que produciría una garganta humana y me miro a los ojos con los suyos tan brillantes y llenos de ira que  hubieran hecho encogerse a mas de un hombretón curtido en mil batallas como un bebe asustado por un duende dentudo,¡ pero no a mi! cuestión de química sin duda; la estaba apuntando a la cabeza con la pistola cuando le salieron alas membranosas y levantó vuelo. Le disparé con la ballesta que tenia incorporada al antebrazo derecho del traje, era pequeña y muy potente y mi blanco era muy visible: un círculo brillante que tenía en el vientre; sin pensar que lo que veía no podía ser remotamente posible según las leyes de la naturaleza, y le acerté de pleno. La vieja lanzó un alarido y se desplomó a cuatro metros de mí, el potente proyectil impulsado por la ballesta y gas a presión había traspasado el patético cuerpo de la do a lado y había proyectado los pútridos intestinos del ser por la espalda del ser. Me estaba admirando del destrozo hecho cuando el cuerpo se reseco ante mis ojos y se convirtió en polvo a un ritmo endiablado, nunca mejor dicho. Había matado a mi primera bruja y el coste a evaluar en munición había sido mas que aceptable, tan solo una bala ungida y la flecha que tras el remojón de los fluidos de la bruja estaba achicharrándose lentamente en alguna especie de ácido antiguo. Desde entonces todo se me hizo más fácil de creer, aun con esas la medicación para la emociones siguió entrando a mi organismo a diario.

La caza se volvió mas sencilla tras esto pero cada vez que actuaba mas dudas se sembraban sobre mi naturaleza ¿Qué clase de soldado era? ¿Cuánto tiempo llevaría como tal? Ni yo mismo lo tuve claro y nadie me daba explicaciones mas allá de lo habitual. Y me regañaban como si de un niño se tratase si me equivocaba en el uso de las armas. ¿No se darían cuenta de que no recordaba nada, en caso de que hubiera algo que recordar?, ¿y porque aceptaba tan servilmente sus ordenes? Mas dudas respaldadas con mas capsulas y mas tiempo en el exterior hasta que todo fue insensibilidad y rutina.

Con el correr de los “días” (pues ya no existían días y noches bien diferenciados, sino períodos más claros y otros más oscuros de tiempo variable) lo primero de lo que me fui dando cuenta es de que yo era único en la nueva base, un ejemplo curioso era que me mantenían lo mas lejos posible de ciertas maquinas para que no perturbase su funcionamiento. No se debía a características mías propias, pues e oía que la llamada magia y la tecnología tendían a crearse interferencias mutuas al funcionar sino por las agregadas, lo cual lo hacía todo mas perturbador. Tenía una pierna metálica, eso lo tenia asumido desde tiempo atrás pero había mas, cada cierto tiempo una troupe de cientificuchos vestidos de gris con la misma dedicación que un grupo de enfermeros en practicas aparecían con unas abultadas bolsas de mano y tras tumbarme aquí o allá, donde me pillase, me inyectaban o mas bien, me recargaban los niveles cual vehículo en revisión, con unos líquidos a todas luces peligrosos y quien sabe si radiactivos por las evidentes precauciones que tomaban en su manipulación. A mí no me causaba ningún mal, mas bien al contrario, con cada dosis parecía reforzarme y volverme mas resistente, pero a la vez sentía disolverse en cada “chute” mi humanidad si es que alguna vez lo había sido al cien por cien; estos asuntos me preocupaban tanto tiempo como tardase en llegar el tratamiento de la casa.
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No llegué a saber mucho más y esto fue la tónica general de mi estancia en el cuartel de destino, en parte por el halo de ignorancia en el que me rodeaban, en parte por el tratamiento al que era sometido acerca de mi particular condición, pero eso cambiaría con el tiempo y relacionándome con las personas adecuadas, como no tarde en comprobar.

Lo que si que pude constatar sin demasiadas dificultades es que en este mundo nuevo existían mas males que los antiguos y casi inofensivos virus y bacterias que se cebaban con el ganado humano (esto es lo que opinaba de esa mansedumbre de rebaño mal dirigido que me rodeaba) , lejos de los efectos de las supergripes o bacterias devoradoras de carne que habían saltado a la palestra a finales del siglo XX y principios del XXI teníamos un nuevo y divertido abanico de plagas y abominaciones medicas campando a sus anchas tanto fuera como dentro de los muros de los supuestos refugios, ineficaces a estos agentes del Caos en la Tierra.

La exposición a ellos era una autentica lotería, y como con esta, había mas posibilidades de perder que de salir ganando y marcharse ileso, debido a las salidas y exposiciones al exterior muchos de mis jefes y mis compañeros (no creo que ellos me considerasen lo mismo a mi) tenían enfermedades y defectos físicos provocados por esta explosiva mezcla de radiación, mutación inducida y hechizos flotantes mal realizados. Una de las historias que conmociono mas a la base y corrió como la pólvora fue la que ocurrió poco después de mi llegada (¿llegada en que momento? La irrealidad y la atemporalidad hacían de mi mente un limbo). Se me convoco a una enorme sala en la parte norte del complejo, era parte de la ZEYCAS o lo que venia a significar Zona de Estudio Y Contención de Agentes Sobrenaturales, como bien rezaba un enorme cartelón escrito con spray blanco y la típica tipografía del ejercito en plantilla. Era un ala del cuartel de uso restringido por motivos evidentes en la que se almacenaba para su estudio y aprendizaje los restos de seres abatidos y otros no tan muertos o para ser mas acertados, no tan inmóviles.

La entrada a la zona fue tan rigurosa como cabria esperar de un recinto de tales características, un control tras otro todo frente a una puerta cada vez mas pesada que la anterior y guardias mas grandes y mejor armados que sus antecesores hasta llegar al centro del enclave, un bunker dentro de otro bunker y en el que las compuertas decoradas de intrincados diseños cabalísticos y frases y palabras en pseudo latín, el pseudo latín una especie de latinajo popular mezclado con castellano antiguo y algo que sonaba a árabe en el que se expresaban los hechizos hablados aunque no nos desviaremos del asunto y ya volveremos al tema mas adelante

Frente a mi y hasta donde alcanzaría la vista de un humano normal, mas puertas y rejas de las que podía contar; y supongo que un humano normal habría sentido algo de curiosidad sobre quien o que se encontraba prisionera tras ellas y sometido a  que tipo de descabellados y sangrientos experimentos, pero no yo, o al menos el yo de aquel tiempo y lugar, aquel ser libre de emoción y de remordimiento de ira y por supuesto, de la nociva  alegría, poco menos que una maquina orgánica, unas tres cuartas partes al menos. Mi indiferencia era tan solida como las placas blindadas que se ajustaban en el uniforme aquí y allá mostrando raspones y marcas significativas de zarpas y colmillos. No me importaba lo que les ocurriese a esos seres salvo que se  me hubiese ordenado y creo que no habría podido ni siguiendo ordenes, mi mundo estaba acolchado y a buen recaudo de sensaciones funestas bajo el algodón de la medicina mágica anti-sentimientos del doctor medico brujo de turno en la Farmacia.

No hube que internarme demasiado pues mi destino era una de las primeras hojas de madera maciza  marcada con, entre otras jerigonzas, un significativo Tetragramaton  y un numero 1 en su centro, tras ellas un escueto grupo de soldados que de inmediato identifique como los altos mandos de la Base Primavera, ahora recuerdo su nombre, BASE PRIMAVERA, y me recorre una cruel risita todo el cuerpo. Estaban todos, unos siete u ocho, tras un enorme escritorio al fondo de la sala, ante ellos y entre vuestro seguro servidor y tanto galón se situaba un hombre de rodillas en el suelo de manera muy tiesa y marcial; se me indico que avanzara y me situara al lado izquierdo del individuo, cosa que hice sin prisa pero sin tardanza, no debía ni podía mostrar nerviosismo o duda, y no la tenia. En un par de pasos pude comprobar que el uniforme que vestía el penitente no tenia marcas distintivas o galones de identificación, su cara inclinada hacia el suelo y la mirada sin duda fija en una corta hoja curva y de un solo filo que se encontraba situada en un pomposo cojín de terciopelo rojo ribeteado de grana frente a sus rodillas hincadas en el suelo de hormigón alisado como un espejo. El silencio de un sepulcro que se había roto con el leve sonido de mis botas de suela metálica lleno esponjoso y frio la estancia; sabia lo que iba a ocurrir y también conocía de alguna manera lo que se esperaba de mi, lo que haría. Todo fue pasando como marcado por un enorme metrónomo que agitaba el aire helado de la habitación, mientras los oficiales miraban sin pestañear, el individuo se abrió con un tirón la pechera de la camisa y prosiguió hasta que no quedo ni un botón en su sitio, rodando danzarines por el suelo en su mayoría; hecho esto se inclino a coger la hoja del suelo, mi mano bajo rauda hacia la empuñadura del revolver que portaba en la cadera y allí se quedo a la espera. En la hoja del arma cayeron unas leves gotas “sudor o lagrimas. O una mezcla de ambas "pensé. Lo siguiente fue rápido, mecánico y brutal, se dejo caer de nuevo sobre los pies recogidos y con un preciso movimiento se coloco la hoja apuntando hacia la izquierda del delicado abdomen y la hundió lentamente mientras se le escapaba el aire y la vida por entre los dientes apretados, al llegar al fundo continuo con el siguiente movimiento de corte, esta vez trasversal en dirección a donde debería estar su apéndice, el olor de los intestinos perforados llego a mi olfato y se extendió por la estancia; la sangre manaba abundante y cálida acumulándose en latidos frente y bajo las piernas dobladas. El corte final en dirección al esternón fue el mas lento y tembloroso, la fuerza abandonaba a marchas forzadas los brazos y manos crispadas del hombre y tan solo una voluntad de hierro podría animarlas a seguir mientras jadeaba levemente; un miembro de la mesa hizo una leve señal y acabo en un instante el sufrimiento del suplicante de un balazo de gran calibre que le hice en el lateral del cuello desapareciendo gran parte de este junto con la columna vertebral que sujetaba el cráneo, solo quedo unido y como flotando un instante por la tráquea y parte de la piel de la garganta al cuerpo, que se desmadejo y volcó hacia su derecha con el impacto; creí que seria un detalle de buen gusto no separar por completo la cabeza y que terminase rebotando y rodando por el pulcro suelo negruzco. Un nuevo charco de tibia sangre se gormaba desde el mutilado pescuezo del pobre tipo, me enfunde el enorme arma de nuevo en su lugar y con una inclinación leve del torso me gire y salí a grandes y repiqueantes zancadas.

Un tipo cuyo aliento apestaba a ilegal alcohol destilado se me acerco aquella noche en  la cantina y me contó,  mientras yo lo ignoraba y masticaba e ingería mecánicamente el insípido pero colorido contenido de mi bandeja de acero compartimentada, que aquel tipo, como había supuesto en vista del honroso final que se le permitió, después del enfrentamiento con una bruja un par de lunas antes, sufría de una serie de cambios mientras obraba en él una sangrienta maldición. Lejos de haber informado como era su deber, decidió de motu propio, encerrarse peligrosamente por las noches al descubrir que un ansia asesina hacia su aparición paulatinamente, hasta que, en un leve plazo, fue incapaz de controlarse mas y una  fiera antropófaga se hizo con el control de todo su ser, siempre al desaparecer el pálido sol del cielo. Parece ser que durante un tiempo pudo llevarlo en secreto y ni siquiera su familia se entero, achacando sus desapariciones nocturnas a un nuevo turno de vigilancia intensivo que se le había asignado según el. Sea como fuere parece ser que encontraba de cuando en cuando la manera de escaparse de donde se encerraba y cada tanto, en la vecina base laboratorio donde tenia asentado su hogar, desaparecía alguien de manera extraña, sin dejar cuerpos pero si una enorme cantidad de sangre reflejo de la violencia con que eran atacados. Se corrió la voz de que una abominación campaba a sus anchas por la zona y se destinaron algunos de los CAZADORES DE MONSTRUOS en nomina a la tarea de dar caza pero ¿a que o a quien? ¿A una bestia mutante? Nadie la había visto ni de lejos en ningún momento, y los que lo habían hecho estaban desaparecidos y sin duda muertos. Tras una exhaustiva cacería intramuros de la que no se sabían muchos detalles, el otrora excelente oficial , ejemplo para los reclutas y sumamente apreciado por sus iguales, fue hallado en uno de los muchos de los sótanos derruidos de la parte inferior de la base medico-científica donde había creado su madriguera; allá dormitaba desnudo, ensangrentado... y humano, rodeado de los restos en diferentes grados de descomposición de sus victimas, la ultima de ellas, a medio devorar y  a la que abrazaba era su propia hija; le había sorbido parte de el cerebro a través de una de las cuencas vacías de los ojos de la niña. Tras esto y para no remover mas la herida fue trasladado a la BASE PRIMAVERA para su estudio; inmediatamente la orden fue revocada para ser juzgado de urgencia sin mas revuelo y ejecutado, era evidente la pantomima del proceso o lo justo de la pena.

Por ser quien era y haber mostrado signos de arrepentimiento a pesar de decir no recordar nada, se le permitió una muerte honrosa de guerrero en la que ninguno de los oficiales quiso dar asistencia en parte por miedo a que la maldición antropófaga de la bruja escapase del cuerpo muerto y tomase como huésped; al ser mas cercano, como se sabia que hacia la solución mas rápida y democrática fue enviarme a mi y todos libres de cargos de conciencia y maldiciones; al fin y al cabo se decía que yo estaba blindado contra ellas o en el peor de los casos me ordenarían que me volase la cabeza y muertas dos maldiciones de un tiro. ¡Como se reía el tipo borracho al contarme esto ultimo dándome palmadas en la espalda! No se porque, a mi me parecía lo mas lógico y eficaz. Tras recapacitarlo un poco y mientras se disipaba de mi pituitaria el agrio olor a alcohol de mi contertulio llegue a pensar que aquel tipo era un humano gravemente perturbado y que lo único que tenia maldito y deformado por la magia de la bruja o quizás ni eso, pues seguía sin creer en lo de los hechizos, era su mente humana que como había leído, era capaz de lo peor siempre.
 

¡Que buen soldadito era, y que verde estaba por aquel entonces, diablos!, pronto estas dos cosas cambiarían como de un hachazo.
 
CONTINUARA....
 
¡BUENA LUNA LLENA Y BUENA CAZA TENGAN!

4 comentarios:

Isa dijo...

quien o que era eso. Me intrigo aun mas mientras iba de un """"ponto"""" AHÏ ES PUNTO de luz a otro los grandes recipientes que podía ver en el suelo, unos abiertos, otros cerrados cual enormes ataúdes de acero de los que escapaba un leve zumbido que me resulto tan familiar como la voz de mi madre, cuya cara o nombre no estaba en ningún rincón de mi memoria.

Recién salido del salón francés para caballeros elegantes “la fragua de Hefestos”- carraspeo con una forzada sonrisa -Vístete y márchate muchacho, he de descansar y he dejado mucho en este nuevo modelo para t i- me """""pudo"""" puso la mano
Mañana continuo que es muy largo me voy a dormir. Uffffffffffffffff ciencia ficción a lo bruto ;.)
Saludos y abrazos Marcus

mario dijo...

Hola, isaa, como va, pero yo no soy el dueño de este blog, debes saludar a MalAcero, que es quien lo publica. Abrazo y beso fuerte, te quiero.

MalAcero dijo...

Nada de protocolo... esto es un borrador en bruto y los correctores ortográficos fallan casi tanto como los dedos engarrotados de trabajar toda la semana...se aprecian sobremanera las correcciones, mil gracias de veras...seguimos trabajando en ello!

MalAcero dijo...

por cierto Mrs. Isa... la primera lectora declarada...un puesto muy especial